La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Yo preferirÃa nombres tomados de nuestro paÃs -dijo el corresponsal-y que nos recordasen nuestra América.
-Sà -repuso Smith-, para los principales, las bahÃas o los mares, me adhiero a esa proposición. AsÃ, por ejemplo, a la bahÃa del este podrÃamos llamarla “bahÃa de la Uniónâ€; a esta ancha escotadura del sur, “bahÃa de Washingtonâ€; al monte en que nos hallamos en este momento, “monte Franklinâ€; al lago que se extiende ante nuestra vista, “lago Grantâ€; me parece esto lo mejor, amigos mÃos. Estos nombres nos recordarÃan nuestra patria y los ciudadanos que más la han honrado; mas para los rÃos, golfos, cabos y promontorios que vemos desde lo alto de esta montaña, debemos buscar nombres que se avengan con su configuración particular, pues se nos grabarán más fácilmente en la memoria y serán al mismo tiempo más prácticos.
La forma de la isla es demasiado extraña y nos podemos imaginar nombres que den una idea aproximada de su figura. En cuanto a las corrientes de agua que aún no conocemos, a las diversas partes de bosques que más adelante exploraremos y a las ensenadas que vayamos descubriendo, les pondremos nombres a medida que se vayan presentando. ¿Qué les parece a ustedes, amigos mÃos?