La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Ahí está -dijo, levantándose-; por ahí se verifica el desagüe; por ahí van, sin duda, las aguas al mar por algún conducto abierto en la pared de granito, pasando por alguna cavidad que podremos aprovechar. ¡Yo lo averiguaré!
El ingeniero cortó una rama larga, la despojó de sus hojas, y sumergiéndola en el ángulo que formaban las dos orillas, reconoció que había una enorme abertura practicada a un pie solamente debajo de la superficie de las aguas. Aquella abertura era el orificio del desagüe que en vano se había buscado hasta entonces, y en aquel sitio la fuerza de la corriente era tal, que arrancó la rama de la mano del ingeniero y desapareció.
-Ya no hay duda -replicó Ciro Smith-. Ahí está el orificio del desagüe y yo lo pondré al descubierto.
-¿Cómo? -preguntó Gedeón Spilett.
-Bajando tres pies el nivel de las aguas del lago.
-¿De qué manera?
-Abriendo otra salida más grande que ésa.
-¿En qué sitio, Ciro?
-En la parte de la orilla más cercana a la costa.