La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Oiganme, amigos míos -dijo el ingeniero.
Y les dio a conocer el resultado de sus observaciones. Según él, debía existir una cavidad mayor o menor en la masa de granito que sostenía la meseta de la Gran Vista y era preciso llegar hasta ella. Para realizar esto había que poner al descubierto en primer lugar la abertura por donde se precipitaban las aguas, y por consiguiente había que bajar su nivel facilitándoles una salida más amplia. De aquí la necesidad de fabricar una sustancia explosiva, que pudiera practicar una fuerte sangría en otro punto de la isla. Esto es lo que iba a intentar Ciro Smith, por medio de los minerales que la naturaleza había puesto a su disposición. Es inútil decir con qué entusiasmo todos y particularmente Pencroff acogieron el proyecto.
Emplear los grandes medios, abrir el vientre de aquel granito, crear una cascada, eran cosas que entusiasmaban al marino. Estaba dispuesto a ser tan buen químico como albañil o zapatero, ya que el ingeniero necesitaba químicos. Estaba dispuesto a hacer lo que Ciro quisiese, y hasta profesor de baile y mímica, según dijo a Nab, si tal profesión fuera necesaria en la isla.