La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Y yo añadiré -dijo Harbert-que esos eucaliptos pertenecen a una familia que cuenta muchos miembros útiles: el guayabo, que produce las guayabas; el árbol del clavo, que da clavos de la especia; el granado; la Eugenia cauliflora, cuyos frutos sirven para hacer un vino regular; el mirto ugni, que contiene un excelente licor alcohólico; el mirto cariófzlo, cuya corteza constituye una canela estimada; la Eugenia pimienta, de donde procede la pimienta de Jamaica; el mirto común, cuyas bayas pueden reemplazar a este producto; el Eucaliptus robusta, que produce una especie de maná excelente; el Eucaliptus Gunei, cuya savia se transforma en cerveza por la fermentación; y, en fin, todos esos árboles conocidos bajo el nombre de árboles de vida o palo de hierro, que pertenecen a esta familia de las mirtáceas, de la cual se conocen cuarenta y seis géneros y mil trescientas especies. Los colonos dejaban decir al joven sin interrumpirle mientras recitaba su lección de botánica. Ciro Smith le escuchaba sonriendo y Pencroff con una sensación de orgullo.
-Muy bien, Harbert -dijo Pencroff-, pero apostaría a que esos ejemplares útiles que acabas de citar no son árboles gigantescos como éstos.
-Pues no lo son, Pencroff.
-Lo cual viene en apoyo de lo que yo he dicho -añadió el marino-, a saber: que los gigantes no sirven para nada.