La Isla misteriosa

La Isla misteriosa

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

-Se equivoca, Pencroff -intervino el ingeniero-; precisamente estos gigantescos eucaliptos que nos dan sombra son muy útiles para una cosa.

-Para qué?

-Para sanear el país donde crecen. ¿Sabe usted cómo les llaman en Australia y en Nueva Zelanda?

-No, señor Ciro.

-Les llaman árboles de la fiebre.

-¿Porque la ocasionan?

-No, porque la impiden.

-Bien -dijo el corresponsal-, voy a anotar eso.

-Anótelo, querido Spilett, porque parece demostrado que la presencia de los eucaliptos basta para neutralizar los miasmas palúdicos. Se han hecho ensayos de este preservativo natural en ciertas regiones del mediodía de Europa y del norte de Africa, cuyo suelo era muy malsano, y por ese medio se ha ido mejorando poco a poco el estado sanitario de sus habitantes. En las comarcas cubiertas de bosques de esas mirtáceas no hay fiebres intermitentes; éste es un hecho que está fuera de duda y que pone a los colonos de la isla Lincoln en circunstancias favorables.

-¡Ah, qué isla! ¡Qué isla tan bendita! -exclamó Pencroff-. ¡Cuando les digo que no le falta nada... excepto...!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker