La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Así debe ser -contestó Pencroff-, pues de lo contrario la cosa sería inexplicable.
-Inexplicable -repuso el ingeniero, que al parecer no quería prolongar aquella conversación.
-¿Pero ha dicho Ayrton la verdad? -preguntó el marino.
-Sí -contestó el periodista-, la historia referida es verdadera en todas sus partes. Recuerdo muy bien que los periódicos contaron la tentativa hecha por lord Glenarvan y dieron noticia del resultado que había obtenido.
-Ayrton ha dicho la verdad -añadió Ciro Smith-, no lo dude, Pencroff, porque esa verdad era demasiado cruel para él y, cuando un hombre se acusa de esa manera, es imposible que mienta.
Al día siguiente, 21 de diciembre, los colonos bajaron a la playa y habiendo subido después a la meseta, no encontraron a Ayrton. Este, durante la noche, se había retirado de la casa de la dehesa, y los colonos creyeron que no debían importunarlo con su presencia. El tiempo haría sin duda lo que no habían podido hacer los esfuerzos empleados para darle ánimo.
Harbert, Pencroff y Nab volvieron a sus ocupaciones acostumbradas. Precisamente aquel día la misma tarea reunió al ingeniero y al periodista en el taller de las Chimeneas.