La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡La casualidad, Spilett! No creo en la casualidad, como tampoco en los misterios de este mundo. Hay una causa para todo lo inexplicable que pasa y la descubriré. Pero, entretanto, observemos y trabajemos. Llegó el mes de enero y comenzó el año de 1867; llevaron adelante con asiduidad los trabajos de verano. Durante los días que siguieron, Harbert y Gedeón Spilett, que en sus excursiones pasaron por las cercanías de la dehesa, pudieron observar que Ayrton había tomado posesión de la vivienda que le habían preparado. Cuidaba del numeroso rebaño confiado a su cargo y ahorraba a sus compañeros el trabajo de ir cada dos o tres días a visitar la dehesa. Sin embargo, para no dejarlo mucho tiempo solo, le hacían de cuando en cuando una visita.
Era también conveniente, dadas ciertas sospechas que tenían Ciro Smith y Gedeón Spilett, que aquella parte de la isla estuviese sometida a alguna vigilancia; y Ayrton, si ocurría algún accidente, no dejaría de comunicarlo a los habitantes del Palacio de granito. Sin embargo, podía suceder también que el incidente fuese repentino y exigiera ser puesto inmediatamente en conocimiento del ingeniero. Además de los que pudieran referirse al misterio de la isla Lincoln, podían surgir otros muchos sucesos que exigieran una pronta intervención de los colonos, como la aparición de un buque que pasara a la vista de la costa occidental, un naufragio en las playas del oeste, la llegada posible de piratas, etc.