La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Spilett, Nab -exclamó el ingeniero-, ¿no están heridos?
-No -contestó el periodista-; algunas contusiones por el rebote de las piedras. Ese condenado brick entra en el canal.
-Sà -respondió Pencroff-, y antes de diez minutos habrá afondado delante del Palacio de granito.
-¿Tiene usted algún proyecto, Ciro? -preguntó Spilett.
-Es preciso refugiamos en el Palacio de granito, cuando todavÃa es tiempo, sin que nos vean los presidiarios.
-Ese es mi parecer -contestó Gedeón Spilett-, pero una vez encerrados...
-Haremos lo que nos aconsejen las circunstancias -dijo el ingeniero.
-En marcha y démonos prisa -dijo el periodista.
-¿No quiere usted, señor Ciro, que nos quedemos aquà Ayrton y yo? preguntó el marino.