La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Después nos ocuparemos de ellos -dijo Ciro Smith-. Pueden ser peligrosos, porque están armados, pero seis contra seis, las probabilidades son iguales. Veamos lo más urgente. Ayrton y Pencroff se embarcaron en la piragua y remaron directamente hacia los pecios.
El mar estaba tranquilo, a la sazón, y la marea era muy alta, porque la luna había entrado en el novilunio hacía dos días. Debía transcurrir más de una hora antes que el casco del brick pudiera sobresalir de las aguas del canal.
Ayrton y Pencroff tuvieron tiempo de amarrar los mástiles y berlingas por medio de cuerdas, cuyo extremo se fijó en la playa del Palacio de granito. Los colonos, reuniendo sus esfuerzos, lograron halar todos aquellos pecios. Después la piragua recogió todo lo que flotaba: jaulas de gallinas, cajas y barriles, que inmediatamente fueron transportados a las Chimeneas. También sobrenadaban algunos cadáveres y, entre otros, Ayrton conoció el de Bob Harvey y le mostró a sus compañeros:
-Ahí tiene lo que he sido yo, Pencroff.