La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Ocho días después de la catástrofe, o mejor dicho, del feliz e inexplicable desenlace, al cual debía la colonia su salvación, no se veía nada del buque ni en la baja marea. Sus restos habían sido dispersados y el Palacio de granito se había enriquecido con casi todo su cargamento. Sin embargo, el misterio que ocultaba su extraña destrucción no se hubiera aclarado jamás, si el 30 de noviembre Nab, paseando por la playa, no hubiera encontrado un pedazo de un espeso cilindro de hierro, que tenía señales de explosión. Aquel cilindro estaba retorcido y desgarrado en sus aristas como si hubiese estado sometido a la acción de una sustancia explosiva.
Nab llevó aquel pedazo de metal a su amo, que estaba ocupado con sus compañeros en las Chimeneas. Ciro Smith lo examinó atentamente y después, volviéndose hacia Pencroff le dijo:
-¿Persiste en sostener que el Speedy no se ha hundido a consecuencia de un choque?
-Sí, señor -contestó el marino-. Usted sabe lo mismo que yo que no hay rocas en el canal.