La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Muchas veces instó a Gedeón Spilett para que dispusiera la partida, pero éste, temiendo con razón que las heridas del joven, mal cicatrizadas, volverían a abrirse en el camino, no quería dar la orden de marchar. Sin embargo, ocurrió un incidente que obligó a Ciro Smith y a sus dos amigos a acceder a los deseos del joven, y Dios sabe los remordimientos y dolores que pudo causarles esta determinación. Ciro Smith, Pencroff y Gedeón Spilett tomaron los fusiles y, dispuestos a disparar, salieron de casa.
Top, que había corrido hasta el pie de la empalizada, saltaba y ladraba, pero era de contento y no de rabia.
-¡Alguien viene!
-Sí.
-Y no es un enemigo.
-¿Será Nab?
-¿O Ayrton?
Apenas se habían cambiado estas palabras entre el ingeniero y sus dos compañeros, cuando un cuerpo saltaba por encima de la empalizada y caía en el recinto de la dehesa.
Era Jup, el propio maese Jup, al cual Top hizo una acogida de verdadero amigo.
- ¡Jup! -exclamó Pencroff.
-Nab nos lo envía -dijo el periodista.