La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Pero no era posible recobrar todo el tiempo perdido. Era necesario resignarse, y la tierra no se divisó hasta el día 6 a las cinco de la mañana. El itinerario de Phileas Fogg señalaba la llegada para el 5. Había, pues una pérdida de veinticuatro horas, y necesariamente se perdía la salida para Yokohama.
A las seis, el piloto subió a bordo del Rangoon y se colocó en el puente que cubre la escotilla de la máquina para dirigir el buque por los pasos hasta el puerto de Hong Kong.
Picaporte ardía en deseos de preguntar a ese hombre si el vapor de Yokohama había partido; pero no se atrevió, por no perder la esperanza hasta el último momento. Había confiado sus inquietudes a Fix, quien trataba, el zorro, de consolarlo, diciéndole que el señor Fogg lo arreglaría tomando el vapor próximo, lo cual daba inmensa rabia a Picaporte.
Pero si Picaporte no se aventuraba a hacer preguntas al piloto, el señor Fogg, después de haber consultado su Bradshaw le preguntó con calma si sabía cuándo saldría un buque de Hong Kong para Yokohama.
—Mañana a la primera marea —respondió el piloto.
—¡Ah! —exclamó el señor Fogg sin manifestar ningún asombro.
Picaporte, que estaba presente, hubiera abrazado de buen grado al piloto, a quien Fix retorcería con gusto el cuello.