La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Entonces apareció sobre el agua un largo huso negro, coronado por un penacho de humo. Era el vapor americano, que salÃa a la hora reglamentaria.
—¡Maldición! —exclamó John Bunsby, que rechazó la barca con desesperado brazo.
—¡Señales! —dijo simplemente Phileas Fogg.
En la proa de la Tankadera habÃa un cañoncito de bronce, que servÃa para señales en tiempo de bruma.
El cañón se cargó hasta la boca; pero, en el momento en que el piloto iba a aplicar la mecha, dijo el señor Fogg:
—¡La bandera!
La bandera se arrió a medio mástil, en demanda de auxilio, esperando que, al verla, el vapor americano modificarÃa su rumbo para acudir a la embarcación.
—¡Fuego! —dijo el señor Fogg.
Y la detonación estalló por los aires.