La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Este caballero se estrellaba, al parecer, en su última tentativa, cuando vio a la distancia de un cable, lo más, un buque mercante de hélice, de formas delgadas, cuya chimenea, dejando escapar grandes bocanadas de humo, indicaba que se preparaba para aparejar.
Phileas Fogg tomó un bote, se embarcó, y a poco se encontraba en la escala de la Enriqueta, vapor de casco de hierro con los altos de madera.
El capitán de la Enriqueta estaba a bordo. Phileas Fogg subió a cubierta y preguntó por él. El capitán se presentó en seguida.
Era hombre de cuarenta años, especie de lobo de mar, con trazas de regañón y poco tratable. TenÃa ojos grandes, tez de cobre oxidado, pelo rojo, ancho cuerpo y nada del aspecto de hombre de mundo.
—¿El capitán? —preguntó el señor Fogg.
—Soy yo.
—Soy Phileas Fogg, de Londres.
—Y yo, Andrés Speedy, de Cardiff.
—¿Vais a salir?
—Dentro de una hora.
—¿Y para dónde?
—Para Burdeos.
—¿Y vuestro cargamento?