La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —No.
—Lo compro.
—No.
Phileas Fogg no pestañeó. Sin embargo, la situación era grave. No sucedÃa en Nueva York lo que en Hong Kong, ni con el capitán de la Enriqueta lo que con el patrón de la Tankadera. Hasta entonces, el dinero del caballero habÃa vencido todos los obstáculos. Esta vez el dinero no daba resultado.
Era necesario, sin embargo, hallar el medio de atravesar el Atlántico en barco, a no cruzarlo en globo, lo cual hubiera sido muy aventurado y nada realizable.
A pesar de todo, parece que a Phileas Fogg se le ocurrió una idea, puesto que dijo al capitán:
—Pues bien; ¿queréis llevarme a Burdeos?
—No, aun cuando me dierais doscientos dólares.
—Os ofrezco dos mil.
—¿Por persona?
—Por persona.
—¿Y sois cuatro?
—Cuatro.