La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Que no se amortigüen los fuegos —respondió Fogg—. Al contrario. Cárguense las válvulas.
Aquel dÃa, a cosa de las doce, después de haber tomado altura y calculado la posición del buque, Phileas Fogg llamó a Picaporte y le dio orden de ir a buscar al capitán Speedy. Era esto como mandarle soltar un tigre, y bajó por la escotilla diciendo:
—Estará indudablemente hidrófobo.
En efecto, algunos minutos más tarde, llegaba a la toldilla una bomba con gritos e imprecaciones. Esa bomba era el capitán Speedy, y era claro que iba a estallar.
—¿Dónde estamos?
Tales fueron las primeras palabras que pronunció, entre la sofocación de la cólera, y ciertamente que no lo habrÃa contado, por poco propenso a la apoplejÃa que hubiera sido.
—¿Dónde estamos? —repitió con el rostro congestionado.
—A setecientas setenta millas de Liverpool —respondió el señor Fogg, con imperturbable calma.
—¡Pirata! —exclamó Andrés Speedy.