La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —No os asombréis de todo esto, porque habéis de saber que pierdo veinte mil libras si no estoy en Londres el 21 a las ocho y cuarenta y cinco minutos de la noche. No llegué a tiempo al vapor de Nueva York, y como os negabais a llevarme a Liverpool…
—Y bien hecho, por los cincuenta mil diablos del infierno —exclamó Andrés Speedy—, porque salgo ganando lo menos cuarenta mil dólares.
Y luego añadió con más formalidad:
—¿Sabéis una cosa, capitán…?
—Fogg.
—Capitán Fogg, hay algo de yanqui en vos.
Y después de haber tributado a su pasajero lo que él creÃa una lisonja, se marchaba, cuando Phileas Fogg le dijo:
—Ahora, ¿este buque me pertenece?
—Seguramente; desde la quilla a la punta de los palos; pero todo lo que es de madera, se entiende.
—Bien; que arranquen todos los aprestos interiores, y que se vayan echando a la hornilla.
Júzguese la mucha leña que debió gastar para conservar el vapor con suficiente presión. Aquel dÃa, la toldilla, la carroza, los camarotes, el entrepuente, todo fue a la hornilla.