Las Indias Negras
Las Indias Negras -¿Qué quiere decir esto? -se preguntó.
James Starr tomó nuevamente el sobre que desgarrara, y comprobó que llevaba el matasellos de Aberfoyle, como el anterior. Por lo tanto se había originado en el mismo punto del condado de Stirling. Evidentemente no la había escrito en anciano minero; pero resaltaba claramente que el que enviara esta nueva carta conocía el secreto del antiguo capataz, puesto que contradecía formalmente la invitación de ir al pozo Yarow.
Pero. . ., ¿era cierto que dicha invitación no tenía ya objeto? ¿O alguien estaba interesado en evitar que el ingeniero efectuase el viaje?
¿Habría acaso una intención malvada de contrarrestar los proyectos de Simon Ford?
Tras maduras reflexiones, James Starr llegó a esta conclusión. La contradicción que había entre las dos cartas, no hizo más que reavivar sus deseos de dirigirse a la mina Dochart. Si después de todo, en eso no había mas que un engaño, era mejor asegurarse. De cualquier manera James Starr estaba inclinado a prestar mayor atención a la primera carta recibida, firmada por un hombre de honestidad reconocida, que a la segunda, de origen anónimo.
-En verdad, puesto que pretenden influir sobre mi resolución, ¡la carta de Simon Ford debe tener una importancia extraordinaria! - se dijo el ingeniero -. ¡Mañana estaré a la hora convenida?