Las Indias Negras
Las Indias Negras -¡No se razona con un loco, Harry! -repuso el ingeniero-.
¡Debemos interrogar a Nell, pues este asunto ¡no está terminado porque conozcamos la identidad de nuestro enemigo, y todavía pueden, ocurrir muchas cosas desagradables! ...
-Usted tiene razón, señor Starr. . . -dijo Harry-. Ahora sabemos que la pobre niña no podía delatar a su abuelo. . ., pero si es necesario, voy a buscarla...
-Es inútil, Harry -dijo una voz firme y clara. Era Nell, que entraba en ese momento en la sala de la casa. La muchacha estaba pálida. Sus ojos indicaban que había llorado, pero se advertía que estaba resuelta.
-¡Nell! -gritó Harry, corriendo hacia la joven.
-Déjala hablar -interrumpió James Starr, imponiendo silencio al joven.
-Yo soy la nieta de Silfax -dijo la muchacha-. No conocí madre hasta el día en que entré a esta casa ...
-¡Bendito sea ese día, hija mía! -interrumpió la anciana escocesa.