Las Indias Negras
Las Indias Negras -¡Continúa, hija mía!... -la animó Simon Ford.
-Cuando mi abuelo los vio entrar en la Nueva Aberfoyle, trató de hacer una prisión para ustedes, tapando la hendidura. Yo no los conocía más que como vagas sombras apenas entrevistas en las tinieblas, pero me resultaba insoportable la idea de ver morir de hambre en esas profundidades a un grupo de seres humanos. Por eso conseguí los pocos alimentos que les hice llegar durante algunos días... Hubiera querido ayudarles hasta el exterior, pero resultaba para mí muy difícil burlar la vigilancia de mi abuelo. Entonces, cuando estaban a punto de morir, llegó Jack Ryan y sus compañeros. . . Yo pude conducirlos hasta ustedes, pero al regresar mi abuelo se encolerizó terriblemente. Después de eso, la vida se hizo insoportable para mí. Cada vez que él escuchaba los picos de los mineros atacando las paredes de la Nueva Aberfoyle, me castigaba duramente. Quise huir, pero era imposible, pues me vigilaba estrechamente. Por fin, en un acceso de furor, me bajó al abismo donde tú me encontraste, Harry mío, cuando ya creía que iba a morir. Pero ya lo ves: no puedo casarme contigo, pues mi abuelo cometería una locura... Debo volver a su lado, para conjurar la amenaza terrible que representa para la mina...
Ante estas palabras, Madge, Simon y Harry se incorporaron.
-¡Qué! -gritaron, ¿Piensas abandonarnos?