Los exploradores del siglo XIX
Los exploradores del siglo XIX Con un sentimiento muy natural de placer, Duperrey y algunos de sus compañeros volvieron a ver las islas Malvinas, aquella tierra, que durante tres meses les había servido de refugio, después del naufragio de la Urania. Fueron a visitar la playa y el lugar donde había establecido el campamento.

Los restos de la corbeta estaban casi enteramente enterrados en la arena y lo que podía verse manifestaba las señales de las mutilaciones hechas por los codiciosos balleneros que se habían sucedido en aquel lugar. Por todas partes no habían más que ruinas de todo género; cañones con los botones de culata rotos, pedazos de jarcias, jirones de ropas, trozos del velamen, pingajos informes, mezclados con los huesos de los animales que habían servido para la manutención de los náufragos.
«Este teatro de un reciente infortunio, —dice la relación—, tenía un tinte desolado que oscurecía más a nuestros ojos la aridez del sitio y el estado del cielo, que estaba sombrío y lluvioso en el momento de nuestra visita. Y sin embargó, aún tenía para nosotros un atractivo indefinible, y dejaba en el alma una expresión de vaga melancolía que conservamos por mucho tiempo después de nuestra partida de las Malvinas».