Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Glenarvan y Paganel llegaron a una loma desde la cual miraron a su alrededor, el espectáculo era admirable: a lo lejos piedras y ventisqueros formaban inmensas lÃneas longitudinales, se divisaba el valle del Colorado que empezaba ya a entrar en la sombra, el sol iluminaba sólo las colinas occidentales y deslumbraba en sus crestas. Con la noche que se acercaba, el paisaje tomaba proporciones sublimes. A menos de 4.000 m, el volcán Antuco rugÃa como un monstruo enorme y vomitaba ardientes humaredas, llamas, piedras candentes y lava. El brillo de su cráter competÃa con el sol, que ya se ocultaba en el horizonte. Glenarvan y Paganel contemplaban extasiados el magnÃfico espectáculo; afortunadamente Wilson, menos entusiasta, les recordó lo que habÃan ido a hacer y los tres se pusieron a recoger, a falta de leña, liquen seco. Lo llevaron a la casucha y pudieron, aunque con dificultad, prender fuego. Tan difÃcil como prenderlo fue lograr que se mantuviera, a causa de la falta de oxÃgeno en el aire a esas alturas.