Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur - ¡Un árbol! -exclamaron todos.
- ¡A él, a él! -respondió Thalcave señalando una especie de nogal gigantesco que se levantaba solitario a unos mil quinientos metros.
Esa serÃa la salvación para ellos, al menos, ya que los animales se perderÃan seguramente. En aquel momento el caballo de Tom Austin lanzó un ahogado relincho y desapareció; el jinete echó a nadar con vigor.
-Agárrate de mi silla -le gritó Glenarvan.
-Gracias, señor, tengo buenos brazos.
-Y tu caballo, Roberto? -preguntó Glenarvan.
-Bien, bien, nada como un pez.
- ¡Atención! -gritó el mayor.
Apenas habÃa pronunciado esa palabra cuando llegó el enorme aluvión. Una ola monstruosa de trece metros envolvió a los desdichados con gran estruendo; hombres y animales desaparecieron sepultados bajo aquella montaña lÃquida. La ola pasó y los hombres volvieron a la superficie; los caballos, excepto Thauka, habÃan desaparecido para siempre.