Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -¿Oyes, Mary? -exclamó lady Glenarvan-, antes de cinco semanas.
-SÃ, lo oigo, señora. Las palabras del capitán han hecho latir mi corazón con violencia.
-¿Qué tal te sienta la navegación, Mary? -preguntó lord Glenarvan.
-Bien, milord. Ya estoy acostumbrándome a los balanceos.
-¿Y Roberto?
-Roberto -respondió John Mangles-no se queda quieto, cuando no está en la máquina, está en los topes. ¿Miren!
Siguiendo la indicación del capitán, todos levantaron los ojos hacia el palo mayor, donde estaba Roberto suspendido de una verga de juanete* a treinta metros de altura. Mary se estremeció.
-No se asuste, Mary -dijo John Mangles-, respondo de él. Estoy seguro de que cuando encontremos al capitán Grant -y lo encontraremos-le presentaré a un marino hecho y derecho.
-El cielo lo oiga, capitán.
-Hija mÃa -repuso lord Glenarvan-, hay en todo esto algo de providencial que debe darnos