Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff abandonó la gran plaza de Nijni-Novgorod, en donde el tumulto provocado por la ejecución de las medidas prescritas había llegado a su punto álgido. Recriminaciones de los extranjeros proscritos, gritos de los agentes y cosacos que la emprendían a golpes con ellos... Era un barullo indescriptible. La joven que buscaba no podía estar allí. Eran las nueve de la mañana. El vapor no partía hasta el mediodía, por tanto, Miguel Strogoff disponía de unas dos horas para encontrar a aquella que quería convertir en su compañera de viaje.
Atravesó de nuevo el Volga y recorrió otra vez los barrios de la otra orilla, donde la multitud era bastante menos considerable. Puede decirse que revisó calle por calle de la ciudad alta y baja, entró en las iglesias, refugio natural de todo aquel que llora, de todo el que sufre y en ninguna parte encontró a la joven livoniana.
-Y, sin embargo -se repetía-no puede haber abandonado todavía Nijni-Novgorod. ¡Continuemos buscando!
Miguel Strogoff continuó errando durante dos horas sin pararse en ninguna parte ni sentir la fatiga; obedecía a un sentimiento imperioso que no le permitía reflexionar. Pero fue en vano.