Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Estás en lo cierto, Nadia -respondió Miguel Strogoff-y cuando hayamos llegado a Ekaterinburgo nos encontraremos al pie mismo de los Urales en su vertiente opuesta.
-¿Cuánto durará la travesÃa de las montañas?
-Cuarenta y ocho horas, ya que viajaremos noche y dÃa. Y digo noche y dÃa, Nadia, porque no puedo pararme ni un solo instante y es preciso que marche a Irkutsk sin descanso.
-Yo no te retrasaré ni una hora, hermano. Viajaremos noche y dÃa.
-Bien, Nadia. Entonces, si la invasión tártara nos deja libre el paso, antes de veinte dÃas habremos llegado.
-¿Tú has realizado ya antes este viaje? -preguntó Nadia.
-Varias veces.
-En invierno hubiéramos llegado con más rapidez y con mayor seguridad. ¿No es as�
-SÃ, sobre todo, con mucha más rapidez. Pero habrÃas sufrido mucho con el frÃo y la nieve.
-¡Qué importa! El invierno es el amigo de los rusos.