Miguel Strogoff
Miguel Strogoff En aquel momento, Miguel Strogoff se lanzó de un salto fuera de la tarenta, acudiendo en su ayuda. Dotado de una fuerza poco comun, se hizo con el gobierno de los caballos, no sin un gran esfuerzo.
Pero el huracán redoblaba entonces su furia. La ruta, en aquel lugar, se ensanchaba en forma de embudo y hacía que la borrasca se arremolinara con mayor violencia, como hubiera penetrado en las mangas de ventilación de los barcos. Al mismo tiempo, un alud de piedras y troncos de árboles comenzaba a rodar desde lo alto de los taludes.
-¡No podemos quedarnos aquí! -dijo Miguel Strogoff.
-¡No nos quedaremos por mucho tiempo! -gritó el yemschik, asustado, recurriendo a todas sus fuerzas para compensar la violencia del viento-.¡El huracán nos enviará pronto a la falda de la montaña por el camino más corto!
-¡Sujeta el caballo de la derecha, cobarde! -respondió Miguel Strogoff-. ¡Yo respondo del de la izquierda!