Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¡Son viajeros que piden socorro! -gritó Nadia.
-¡Si no cuentan mas que con nosotros ... ! -respondió el yemschik.
-¿Por qué no? -gritó Miguel Strogoff-. ¿No debemos hacer nosotros lo que ellos harían en parecidas circunstancias?
-¡Pero no irá usted a arriesgar el carruaje y los caballos ... !
-¡Iré a pie! -respondió Miguel Strogoff interrumpiendo al yemschik.
-Yo te acompañaré, hermano --dijo la joven livoniana.
-No, Nadia, quédate aquí; el yemschik permanecerá a tu lado. No quiero dejarlo solo...
-Me quedaré -respondió Nadia.
--Ocurra lo que ocurra, no abandones este refugio.
-Me encontrarás donde estoy.
Miguel Strogoff apretó la mano de su compañera y, franqueando la vuelta del talud, desapareció en seguida entre las sombras.
-Tu hermano ha cometido un error --dijo el yemschzk a la joven.
-Mi hermano tiene razón -respondió simplemente Nadia.