Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Desenvainando el puñal que llevaba bajo el cinturón, Miguel Strogoff dio un formidable salto, precipitándose en la gruta donde la joven había prometido permanecer.
Los pinos, devorados por el fuego, iluminaban la escena con toda claridad. En el momento en que llegó Miguel Strogoff al lugar en que estaba la tarenta, una enorme masa retrocedía hacia él.
Era un oso de gran tamaño al cual la tempestad, sin duda, había expulsado de los bosques que erizaban esta parte de los Urales y había venido a buscar refugio en aquella excavacion, que era seguramente su retiro habitual, ocupado ahora por Nadia. Dos de los caballos, espantados por la presencia de la enorme bestia, habían roto las cuerdas emprendiendo la huida, y el yemschik, sin pensar en otra cosa que en sus caballos, se lanzó en su persecución, dejando a la joven sola en presencia del oso.