Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

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La valiente Nadia no había perdido la cabeza. El animal, que no la había visto aún, atacó al tercer caballo del atelaje y Nadia, abandonando la sinuosidad en la que se había agazapado, corrió hacia la tarenta y tomando uno de los revólveres de Miguel Strogoff se fue valientemente sobre el oso haciendo fuego a bocajarro. El animal, ligeramente herido en la espalda, se revolvió contra la joven, la cual intentaba evitarlo dando vueltas a la tarenta, en donde el caballo intentaba romper sus ligaduras. Pero con los caballos perdidos en las montañas, el viaje estaba comprometido, por lo que Nadia se fue de cara al oso y, con una sangre fría sorprendente, en el mismo momento en que las garras del animal se iban a abatir sobre ella, hizo fuego por segunda vez.

Ésta era la segunda detonación que acababa de escuchar Miguel Strogoff a algunos pasos de él. Pero ya estaba allí y de un salto se interpuso entre el oso y la joven. Su brazo no hizo mas que un solo movimiento de abajo arriba y la enorme bestia, abierta en canal, cayó al suelo como una masa inerte.

Aquélla fue una buena demostración del famoso golpe de cuchillo de los cazadores siberianos, que tienen especial cuidado en no estropear las preciosas pieles de oso, pues tienen un precio muy alto.

-¿No estás herida, hermana? -dijo Miguel Strogoff, precipitándose hacia la muchacha.

-No, hermano -respondió Nadia.


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