Miguel Strogoff
Miguel Strogoff En aquel momento aparecieron los dos periodistas.
Alcide Jolivet se lanzó a la cabeza del caballo y es preciso creer que tenÃa una muñeca sólida, porque consiguió dominarlo. Su compañero y él habÃan presenciado la rápida maniobra de Miguel Strogoff.
-¡Diablos! -gritó Alcide Jolivet-. Para ser un simple negociante, señor Korpanoff, maneja usted primorosamente el cuchillo de cazador.
-Muy primorosamente -agregó Harry Blount.
-En Siberia, señores -respondió Miguel Strogoff-nos vemos obligados a hacer un poco de todo.
Alcide Jolivet miró entonces al joven.
Visto a plena luz, con el cuchillo sangrante en la mano, con su alta talla, su aire resuelto, el pie puesto sobre el oso que acababa de despellejar, Miguel Strogoff era una imagen realmente hermosa.
-¡Gallardo mozo! -pensó Alcide Jolivet.
Y avanzando respetuosamente con su sombrero en la mano, fue a saludar a la joven. Nadia hizo una ligera inclinación.
Alcide Jolivet, volviéndose hacia su compañero, dijo:
-¡Digna hermana de su hermano! ¡Si yo fuera oso no me enfrentarÃa a esta terrible y encantadora pareja!