Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Nadia pensaba en Miguel Strogoff y daba graclas a Dios por haberla puesto en la ruta de aquel valiente protector, aquel amigo discreto y generoso. Se sentía segura cerca de él, y bajo su mirada. Un verdadero hermano no hubiera hecho más por ella. Nadia no temía ningún obstáculo y veía ahora con certeza la llegada a su destino. En cuanto a Miguel Strogoff, hablaba poco y reflexionaba mucho. Por su parte, daba gracias a Dios por haberle proporcionado este encuentro con Nadia; al mismo tiempo que el medio para disimular su verdadera identidad tenía una buena acción que hacer. La intrépida calma de la joven complacía a su alma generosa. ¿Que no era de verdad su hermana? Sentía tanto respeto como afecto por su bella y heroica compañera y presentía que era poseedora de uno de esos puros y extraños corazones con los cuales siempre se puede contar.