Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff, en cuanto llegó a la parada, pidió rápidamente para él los caballos. Había hecho bien en adelantar a la berlina, porque únicamente quedaban tres caballos de refresco que fueron rápidamente enganchados. El resto de los caballos estaban cansados a causa de algún largo viaje. El encargado de la posta dio la orden de enganchar rápidamente. En cuanto a los dos corresponsales, a los que pareció bien el quedarse en Ichim, no tenían ya por qué preocuparse del medio de transporte e hicieron guardar su vehículo. Diez minutos después de la llegada, Miguel Strogoff fue advertido de que la tarenta estaba lista para partir.
-Bien -respondió.
Después, dirigiéndose a los dos periodistas les dijo-Señores, ya que se quedan en Ichim, ha llegado el momento de separarnos.
-¿Cómo, señor Korpanoff; no se quedan en Ichim ni siquiera una hora? --dijo Alcide Jolivet.
-No, señor. Deseo abandonar la parada antes de la llegada de la berlina que hemos adelantado.
-¿Teme que aquellos viajeros le disputen los caballos?
-Intento, sobre todo, evitar cualquier dificultad.
-Entonces, señor Korpanoff -continuó Alcide Jolivet-no nos queda más que darle las gracias una vez más por el servicio que nos ha prestado y dejar constancia del placer que ha significado viajar en su compañía.