Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Pertenecen a este viajero -respondió el encargado, señalando a Miguel Strogoff.
-¡Que los desenganchen ... ! -gritó el viajero con un tono que no admitÃa réplica. Miguel Strogoff avanzó entonces, diciendo:
-Estos caballos han sido contratados por mÃ.
-¡Me importa poco! ¡Los necesito! ¡Venga, pronto, no tengo tiempo que perder!
-Yo tampoco tengo tiempo que perder -respondió Miguel Strogoff, que querÃa mantener la calma y hacÃa esfuerzos por contenerse.
Nadia estaba cerca de él, calmada también, pero secretamente inquieta por aquella escena que hubiera sido preferible evitar.
-¡Basta! -espetó el viajero y, después, dirigiéndose al encargado dijo, en tono amenazante-: ¡Que los desenganchen y que los coloquen en mi berlina!
El encargado de la posta, muy embarazado, no sabÃa a quién obedecer y miraba a Miguel Strogoff porque encontraba evidente que tenÃa el derecho a oponerse a las injustas exigencias del viajero.
Miguel Strogoff dudó un instante. No querÃa hacer uso de su podaroshna porque hubiera llamado la atención, pero tampoco querÃa ceder los caballos porque retrasarÃa su viaje y, sin embargo, no podÃa enzarzarse en una pelea que podrÃa comprometer su misión.