Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Los dos periodistas lo miraban, prestos a intervenir si él pedÃa su ayuda.
-Mis caballos se quedarán en mi coche -dijo Miguel Strogoff sin elevar el tono de voz, como convenÃa a un simple comerciante de Irkutsk.
El viajero avanzó hacia él, le puso rudamente la mano en el hombro y gritó:
-¡Cómo es eso! ¿No quieres cederme los caballos?
-No -respondió Miguel Strogoff.
-¡Está bien! ¡Serán para aquel de nosotros que quede en disposición de continuar el viaje! ¡Defiéndete porque no te voy a dar cuartel!
Y diciendo esto, el viajero tiró de su sable, poniéndose en guardia. Nadia se puso rápidamente delante de Miguel Strogoff y Harry Blount y Alcide Jolivet avanzaron hacia él.
-No me batiré -dijo sencillamente Miguel Strogoff, el cual, para contenerse mejor, cruzó los brazos sobre el pecho.
-¿No vas a batirte?
-No.
-¿Y después de esto? -gritó el viajero.
Y antes de que pudieran contenerlo golpeó el hombro de Miguel Strogoff con el mango de su látigo.