Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Ante este insulto, Miguel Strogoff palideció horriblemente y sus manos se elevaron completamente abiertas, como si quisiera triturar entre ellas a aquel brutal personaje. Pero con un supremo esfuerzo, volvió a ser dueño de sà mismo. ¡Un duelo! ¡Era más que un retraso! ¡PodÃa significar el fracaso de su misión! ¡Era mejor perder algunas horas ... ! ¡SÃ, pero tragarse tamaña afrenta!
-¿Te batirás ahora, cobarde? -repitió el viajero añadiendo la groserÃa a la brutalidad.
-¡No! -respondió Miguel Strogoff, sin moverse, mirando al viajero fijamente a los ojos.
-¡Los caballos, al instante! -dijo éste entonces, saliendo de la sala. El encargado de la posta le siguió rápidamente, encogiéndose de hombros, después de haber examinado a Miguel Strogoff con aire poco aprobatorio. El efecto que este incidente produjo en los periodistas no podÃa redundar en ventaja de Miguel Strogoff. Su descontento era manifiesto. ¡Este robusto joven se dejaba golpear de esa manera, sin intentar vengar tamaño insulto!
Limitáronse, pues, a saludar y se retiraron.
Alcide Jolivet le dijo a Harry Blount: