Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Dueños de tal ciudad y de tal rehén, toda la Rusia asiática debía caer en manos de los invasores.
Ahora bien, como ya se sabe, el Zar tenía conocimiento de ese complot y para frustrarlo era por lo que había confiado a Miguel Strogoff la importante misión de que era portador. De ahí las severas instrucciones que se le habían dado al joven correo para que pasase las comarcas invadidas con el mayor incógnito. Esta misión la había ejecutado fielmente hasta el momento, pero ¿podría llevarla ahora adelante?
La herida que había recibido Miguel Strogoff no era mortal. Nadando, evitando ser visto, alcanzó la orilla derecha del río en donde cayó desvanecido entre unos cañaverales.
Cuando recobró el conocimiento se encontraba en la cabaña de un campesino que lo había recogido y cuidado, y al cual debía él estar todavía vivo. Pero ¿cuánto tiempo hacía que era huésped de aquel bravo siberiano? No lo podía decir. Cuando abrió los ojos vio una bondadosa figura barbuda que le miraba compasivamente inclinada sobre él. Iba a preguntarle dónde se encontraba cuando el campesino le previno, diciéndole: