Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -No hables, padrecito, no hables. Estás todavía demasiado débil. Yo te diré dónde estás y todo lo que ha ocurrido desde que te recogí en mi cabaña. Y el campesino le contó a Miguel Strogoff los diversos incidentes de la lucha que había tenido lugar; el ataque de las barcas tártaras, el pillaje de la tarenta, la masacre de los bateleros...
Miguel Strogoff ya no le escuchaba y llevó su mano a sus vestiduras, palpando la carta imperial que aún conservaba consigo sobre su pecho. Respiró tranquilizándose, pero no era eso todo:
-¡La joven que me acompañaba! -dijo.
-No la han matado -respondió el campesino, saliendo al paso de la inquietud que leía en los ojos de su huésped-. La metieron en una de sus barcas y continuaron descendiendo por el Irtyche. Es una prisionera que irá a reunirse con tantas otras que han conducido a Tomsk.
Miguel Strogoff no pudo responder. Apoyó la mano sobre el pecho para frenar los latidos de su corazón.
Pero, pese a tan duras pruebas, el sentimiento del deber dominaba su alma entera y preguntó:
-¿Dónde estoy?
-Sobre la ribera derecha del Irtyche, a sólo cinco verstas de Omsk -respondió el campesino.
-¿Qué clase de herida he recibido, que me ha postrado de este modo? ¿Ha sido un disparo de arma de fuego?