Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -No, ha sido un golpe de lanza en la cabeza, que ya ha cicatrizado -respondió el campesino-. Después de algunos dÃas de reposo, padrecito, podrás continuar la ruta. CaÃste al rÃo, pero los tártaros no te tocaron ni te registraron, y tu bolsa está todavÃa en tu bolsillo.
Miguel Strogoff tendió la mano al campesino y después, con un supremo esfuerzo, se enderezó en la cama diciéndole:
-Amigo, ¿cuánto tiempo llevo en tu cabaña?
-Desde hace tres dÃas.
-¡Tres dÃas perdidos!
-Tres dÃas durante los cuales has estado sin conocimiento.
-¿Puedes venderme un caballo?
-¿Quieres partir?
-Al instante.
-No tengo caballo ni carruaje, padrecito. ¡Allà por donde los tártaros pasan no queda nada!
-Bien, pues ire a pie hasta Omsk a buscar un caballo.
-Unas horas de reposo todavÃa y estarás en mejores condiciones para continuar el viaje.
-Ni una hora.