Miguel Strogoff
Miguel Strogoff «Una vez hayamos llegado a Tomsk -se repetÃa continuamente Miguel Strogoff para reprimir algunos movimientos de impaciencia que a menudo le asaltaban-, en pocos minutos me pondré fuera del alcance de la vanguardia tártara, y con solo doce horas que gane a Féofar-Khan, serán doce horas ganadas también a Ivan Ogareff, que me bastarán para llegar antes que éste a Irkutsk.»
Lo que Miguel Strogoff temÃa, por encima de todo, era encontrarse en presencia de Ivan Ogareff en el campamento tártaro porque, además de que se exponÃa a ser reconocido, presentÃa, por una especie de intuición, que a quien más le interesaba tomar la delantera era a aquel traidor. ComprendÃa, además, que al reunirse las tropas de Ivan Ogareff con las de Féofar-Khan, se completarÃan los efectivos del ejército invasor y que, tan pronto como se llevase a cabo esta reunión, todas las fuerzas enemigas marcharÃan masivamente contra la capital de la Siberia oriental. Todos sus temores estaban, por tanto, dirigidos hacia ese lado y trataba de escuchar con toda atención para ver si algún toque de trompeta anunciaba la llegada del lugarteniente del Emir.