Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Habían querido hacer valer su calidad de súbditos francés e inglés, pero de nada les sirvió frente a aquellos bárbaros que sólo respondían con golpes de lanza o de sable. El periodista inglés tuvo, pues, que seguir la suerte de todos los demas y esperar a reclamar más tarde para obtener satisfacciones sobre semejante trato. El trayecto, de todas formas, fue doloroso para él porque su herida le hacía sufrir y, sin la asistencia de Alcide Jolivet puede que no hubiera podido llegar al campamento. El corresponsal francés, que no abandonaba nunca su filosofía práctica, había reconfortado física y moralmente a su colega por medio de todos los recursos que tenía a su alcance. Su primer cuidado, cuando se vio definitivamente encerrado en el campamento, fue inspeccionar la herida de Harry Blount, despojándole hábilmente de las ropas que le molestaban y comprobando, afortunadamente, que la metralla solamente había rozado la espalda, provocando una herida superficial.
-No es nada -dijo-, una simple rozadura. Después de dos o tres curas, querido colega, quedará como nuevo.
-¿Pero, esas curas ... ?
-Las haré yo mismo.
-¿Tiene usted algo de médico?
-¡Todos los franceses somos un poco médicos!