Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Hecha esta afirmación, Alcide Jolivet desgarró su pañuelo haciendo tiras con uno de los pedazos y compresas con el otro, sacó agua de un pozo situado en el centro del recinto, lavó la herida que, por fortuna, no era grave y sujetó hábilmente las tiras mojadas en el hombro de Harry Blount.
-Le curaré con agua -dijo-. Este líquido es todavía el sedante más eficaz que se conoce para el tratamiento de las heridas y el que más se emplea ahora. ¡Los médicos han tardado seis mil años en descubrir esto! ¡Sí! ¡Seis mil años, en cifras redondas!
-Le estoy muy agradecido, señor Jolivet -respondió Harry Blount, tendiéndose sobre un lecho de hojas secas que, a modo de cama, le había preparado su compañero.
-¡Bah! ¡No vale la pena! Usted, en mi lugar, habría hecho lo mismo por mi.
-Yo no sé nada... -respondió un poco ingenuamente Harry Blount.
-¡No bromee! ¡Todos los ingleses son generosos!
-Sin duda, pero los franceses...