Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Miguel Strogoff dudó por un momento. ¿Debía esconderse? ¿Debía, por el contrario, intentar la suerte de encontrar sitio en ese vehículo, si no por él, por ella? Él se contentaría con apoyar unicamente una mano en la carreta, incluso la empujaría en caso de necesidad, porque sus piernas estaban muy lejos de fallarle, pero presentía que Nadia, arrastrada a pie desde la travesía del Obi, es decir, desde hacía ocho días, había llegado al final de sus fuerzas.
Esperó, pues.
La carreta no tardó en llegar al recodo de la ruta. Era un vehículo bastante deteriorado, pero podía transportar tres personas, lo que en el país recibe el nombre de kibitka.
Normalmente una kzbitka está tirada por tres caballos, pero aquélla era arrastrada por uno solo, de largo pelo y larga cola, cuya sangre mongol le aseguraba vigor y coraje.
La conducía un muchacho que tenía a su lado un perro.