Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Perdón, padrecito. ¡Ay! ¡Es verdad que para ti, la noche y el dÃa son la misma cosa!
-No tienes nada que reprocharte, amigo -respondió Miguel Strogoff, pasando la mano por sus ojos-, porque teniéndote a ti de guÃa puedo valerme aún. Tómate algunas horas de descanso y que las aproveche también Nadia. ¡Mañana será otro dÃa!