Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Mientras tanto, Miguel Strogoff habÃa conseguido de Nicolás que imprimiera un paso más rápido a su caballo. Para hacerle llegar a este resultado, le habÃa contado que Nadia y él iban a reunirse con su padre, exiliado en Irkutsk, y que tenÃan grandes deseos de llegar. Ciertamente, era preciso no cansar al caballo, porque lo más probable era que no encontrasen otro con que cambiarlo; pero dejándole descansar frecuentemente -por ejemplo, cada quince verstas-, podrÃan tranquilamente franquear sesenta verstas cada veinticuatro horas. Además, el caballo era vigoroso y, por su misma raza, muy apto para soportar grandes fatigas, y como el rico pasto no le faltarÃa a lo largo de toda la ruta, porque la hierba era abundante y buena, habÃa la posibilidad de pedirle un mayor rendimiento en su trabajo.
Nicolás se rindió ante estas razones. Se habÃa sentido emocionado por la situación de aquellos dos jóvenes, que iban a compartir el exilio de su padre. Lo encontraba tan patético que, con aquella sonrisa tan suya, dijo a Nadia:
-¡Bondad divina! ¡Qué alegrÃa tendrá el señor Korpanoff cuando sus ojos os contemplen y cuando sus brazos se abran para recibiros! ¡Si llego hasta Irkutsk, lo cual me parece ya lo más probable, me prometéis que estaré presente en esta entrevista!
¿No es as�
Después, dándose un golpe en la frente, continuo: