Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¡Puede que no esté ciego, este ruso!
Esto sucedÃa a sesenta verstas de Nijni-Udinsk, entre los pueblos de Tatán y Chibarlinskos.
Montaron, pues, a Miguel Strogoff sobre otro caballo y poniendo irónicamente las riendas en sus manos, excitaron al caballo a golpes de látigo, pedradas y gritos hasta que le lanzaron al galope.
El animal, no pudiendo ver porque estaba ciego como su jinete, al no ser mantenido en lÃnea recta, tan pronto tropezaba contra un árbol como se lanzaba fuera de la ruta, pudiendo producirse un choque o una caÃda que tuviera funestas consecuencias. Miguel Strogoff no protestaba ni dejó escapar una sola queja. Su caballo se cayó y esperó tranquilamente a que vinieran a volverlo a montar. Efectivamente, le pusieron en la silla, continuando aquel juego sangriento.
Nicolás, ante aquellos malos tratos, no pudo contenerse y quiso correr en socorro de su compañero, pero fue detenido brutalmente.
El juego se hubiera prolongado por largo tiempo, con gran jolgorio de los tártaros, si un accidente más grave no le hubiera puesto fin.
En cierto momento, en la jornada del 10 de septiembre, el caballo ciego se desbocó y corrió derecho hacia un precipicio, de una profundidad de treinta a cuarenta pies, que bordeaba la ruta.