Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Asà transcurrieron esos tres dÃas, en los que se hizo bien patente que la tercera columna de invasores avanzaban rápidamente hacia el este, lo cual era fácilmente reconocible por las ruinas que dejaban tras su paso, las cenizas que ya no humeaban y los cadáveres descompuestos que yacÃan esparcidos por el suelo. Nada se veÃa aún hacia el oeste. La vanguardia del Emir no aparecia por parte alguna. Miguel Strogoff llegó a hacerse las más inverosÃmiles suposiciones para explicar ese retraso. ¿Los rusos, con un contingente suficiente, amenazaban recuperar Tomsk o Krasnolarsk? ¿Aislada de las otras, la tercera columna estaba en peligro de verse cortada? Si era asÃ, le serÃa fácil al Gran Duque defender Irkutsk, y el tiempo ganado en una invasión era camino adelantado para rechazarla.
Miguel Strogoff se dejaba llevar por esas esperanzas, pero bien pronto comprendÃa que eran quiméricas, y no contaba mas que consigo mismo, como si la seguridad del Gran Duque hubiera estado únicamente en sus manos.