Miguel Strogoff
Miguel Strogoff El viejo marinero había decidido hacer un alto de una hora con el fin de realizar algunas operaciones indispensables. Los troncos estaban desunidos y amenazaban separarse, por lo que era imprescindible volverse a atar sólidamente a fin de que pudieran resistir la rápida corriente del Angara. Durante el verano, el puerto de Livenitchnala es una estación de llegada Y salida para los viajeros del Baikal, según se dirijan a Klakhta, última ciudad de la frontera ruso-china, o regresen de ella.
Es, pues, un puerto muy frecuentado por los buques de vapor y por los pequeños barcos de cabotaje del lago.
Pero en estos momentos Livenitchnaia estaba abandonada. Sus habitantes no podían quedarse allí porque se exponían a las depredaciones de los tártaros, que recorrian ya las dos orillas del Angara. Habían enviado a Irkutsk la flotilla de barcos que pasan ordinariamente el invierno en su puerto y, cargados con todo lo que podían transportar, se habían refugiado a tiempo en la capital de Siberia oriental. El viejo marinero, pues, no esperaba recoger nuevos fugitivos en el puerto de Livenitchnaia,'sin embargo, en el momento en que se aproximaban a la orilla, dos individuos salieron corriendo de una casa deshabitada, con toda la rapidez que les permitían sus piernas.