Miguel Strogoff

Miguel Strogoff

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Los dos periodistas embarcaron y Nadia les vio dirigirse hacia la proa de la balsa. Harry Blount era siempre el inglés frío que apenas le dirigió la palabra durante todo el tiempo que estuvieron juntos en la travesía de los montes Urales. Alcide Jolivet parecía estar un poco mas serio que de costumbre. Hay que convenir que su seriedad estaba sobradamente justificada por las circunstancias. El francés se había ya instalado en la proa de la balsa cuando notó que una mano se apoyaba en su hombro. Se volvió y reconoció a Nadia, la hermana de aquel que era, no Nicolás Korpanoff, sino Miguel Strogoff, correo del Zar.

Iba a escapársele un grito de sorpresa cuando la joven llevó un dedo a sus labios, indicándole silencio.

-Vengan -les dijo Nadia.

Y, con aire de indiferencia, haciendo a Harry Blount una señal para que le siguiera, se fueron tras la joven.

Pero si la sorpresa de los periodistas había sido grande al encontrarse con Nadia sobre la balsa, su asombro no tuvo límites cuando reconocieron a Miguel Strogoff, al que no creían vivo.

Cuando se le aproximaron, el correo del Zar permaneció completamente inmóvil. Alcide Jolivet se volvió hacia la joven.

-No les puede ver, señores --dijo Nadia-. Los tártaros le quemaron los ojos. Mi pobre hermano está ciego.


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