Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Se apretaban unos contra otros con el fin de soportar mejor la baja temperatura, que durante aquella noche llegarÃa a los diez grados bajo cero. El poco viento que soplaba, enfriado al atravesar las montañas del este, mordÃa las carnes. Miguel Strogoff y Nadia, tendidos en popa, soportaban los crecientes sufrimientos sin formular una queja. Alcide Jolivet y Harry Blount, situados junto a ellos, resistÃan como mejor podÃan aquellos primeros asaltos del invierno siberiano. Ni unos ni otros hablaban ahora, ni siquiera en voz baja. Por lo demás, la situación les absorbÃa por completo. A cada instante podÃa producirse un incidente, sobrevenir un peligro, hasta una catástrofe de la que no saldrÃan indemnes.
Miguel Strogoff, siendo un hombre que esperaba llegar pronto al final de su largo viaje, parecÃa estar singularmente tranquilo. Además, hasta en las más graves coyunturas, su energÃa no le habÃa abandonado jamás. EntreveÃa ya el momento en que podrÃa, por fin, permitirse pensar en su madre, en Nadia y en sà mismo. No temÃa más que una última desgracia: que la balsa fuese totalmente detenida por una barrera de hielo antes de haber llegado a Irkutsk. No pensaba más que en esto pero, por lo demás, estaba absolutamente decidido, si no habÃa más remedio, a intentar cualquier supremo golpe de audacia.